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­Crónica recorrido.

El ir en transmilenio es una tragedia a la cual nos tenemos que enfrentar la mayoría de los bogotanos, nos encontramos con un montón de personajes que nos despiertan diferentes emociones, hay unos que nos causan gran curiosidad, otros tristeza, algunos incomodidad.

Nos levantamos muy temprano para ir al Museo de Botero en el centro, teníamos que hacer una interpretación sobre una obra de arte que nos gustara. Nos encontramos en la estación de Alcalá y estaba tan llena como de costumbre, pero la puerta del servicio J70 (que es único que nos conecta con esa zona) era la que más personas tenía dentro de la estación, después de más de diez minutos para poder entrar decentemente a un transmilenio, lo logramos pero no completo, nuestras maletas se quedaron aprisionadas por la puerta, ahí es cuando pensamos que es ilógico que nos tengamos que someter a ese servicio de transporte público ya que en esta ciudad nuestros alcaldes no ven el problema en realidad, tratan de resolver asuntos que no necesitan tanta atención como este sistema de transporte que es desorganizado, sucio, impuntual, y lo peor la inseguridad tan grande.

Durante el recorrido nos dimos cuenta de cómo la ciudad está dividida de mil formas distintas, desde la autopista con 134 hasta la caracas se presentan situaciones y lugares que son definitivamente diferentes entre sí.

En el comienzo el calor que hacía era impresionante, los ventiladores del bus aunque estaban prendidos no servían casi que para nada, y las ventanas estaban muy alejadas de nosotros. Como dijimos anteriormente detallamos muy bien el recorrido de la autopista al centro y en cada parada se ven las diferencias sociales muy marcadas. Un ejemplo claro es al llegar a la estación de la pepe sierra donde actualmente se encuentran los edificios más costosos de la ciudad y luego pasar por la calle 63 donde la situación es distinta. Nos impresiono mucho ver como en la calle 57 en mitad de la caracas que es una de las vías principales de la ciudad, existe un tipo de “olla” donde habitantes de la calle consumen todo tipo de drogas sin ningún control por parte de la autoridad. Algo muy similar nos sucedió al pasar en frente de san Victorino donde se veían personajes que no son muy agradables.

Al llegar a la estación del museo del oro y bajarnos por fin de ese Transmilenio nos dimos cuenta de que la gente que trabaja por esta zona presenta un estrés anormal al andar corriendo a sus lugares de trabajo.

Caminando hacia el Museo Botero nos detuvimos a pensar y nos preguntábamos de cómo era posible que un centro histórico como el de Bogotá estuviera tan sucio y tan acabado. Luego llegamos al museo y escogimos nuestras obras, tenemos que resaltar que durante el recorrido en el museo nos quedamos asombrados por la casa que es propiedad del Banco de la Republica pues posee múltiples salas y espacios espectaculares.

Al salir de museo aproximadamente a las 11 de la mañana decidimos devolvernos a pie ya que a esa hora era bastante complicado utilizar el transporte público. Caminamos por la carrera séptima de camino a la universidad,  llegando a la plaza de bolívar - la cual estaba extrañamente vacía- nos detuvo un habitante de la calle ofreciéndonos unos libros infantiles. Esta persona nos empezó a tratar muy mal utilizando palabras soeces pues no quisimos recibirle su producto. De inmediato salimos rápido y seguimos caminando por la carrera séptima. Al llegar a la calle 26 en frente del Hotel Tequendama nos fijamos en la gran cantidad de vendedores de mango y dulces que estaban vendiéndoles a niños que realizaban una visita a la zona con su colegio. Seguimos nuestro rumbo y después de una larga caminata por la carrera séptima llegamos a la universidad sin ningún otro suceso que nos llamara la atención.

Definitivamente la ciudad está organizada de manera tal que entre más vayamos al sur la situación económica evidenciada es más difícil.

Fue una buena experiencia ya que nos fijamos en cada uno de los acontecimientos que nos sucedieron a lo largo del recorrido, y es una invitación que hacemos pues sirve para darse cuenta de cómo está la ciudad y la sociedad Bogotana.

Sabine Jasbon, Alejandro Jiménez

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